expos | publicaciones | fotos a | b | c | d | e | f | g | h | i | j | k | l | m | n | o | p | poesía | cv | contacto


(…)

hay que aprender a sentir vértigo
como si fuese sed o hambre.
Mario Benedetti

Fotografías como versos, como luces o días. Fotografías visiones: pieles anónimas; reales como el fuego, la niebla, o los barcos. Como sombras, como brisas tibias, como árboles que bailan al canto de los días. Eso y no más nos regalan estas páginas.
Y nosotros salimos a buscarlas. Vagamos en la noche rumbo de alguna ciudad lejana que el viento nos traiga con el ladrar de los perros. Buscamos sus imágenes, buscamos a su hija.
La hija del viento, que supo curar con luz a aquellos que la escuchamos tras los ojos cerrados. Y que ahora nos estremecemos de placer con su dulce parpadear de muñeca rota, ese abrirse y cerrarse de todo junto a todo que son las imágenes, sus cuadros cíclopes, sus manos cuadros.
Porque sin saberlo nos abre las puertas Elíseas a su mundo de juegos, a nosotros que veníamos cansados, con la saliva tan amarga y las suelas tan gastadas de patear el desierto. Un jardín de casualidades; nos descubre un amor grande y verde como un bosque, donde el mar todavía rompe a sus costados y las gaviotas se le asoman a uno a la cara para besarle las pupilas.
Es por esto que sabemos, que viajamos –escribía Camus en sus tiempos de extranjero– por la ebriedad del éxtasis que trae el miedo a lo irremediablemente hermoso, al ejercicio de nuestro sentido más íntimo, que es el de la eternidad.
Y les digo a los nuevos aventurados: qué estén preparados, viajeros, que se abran paso con uñas y dientes los intrépidos. Porque estas tomas son los cantos alados que escuchó Ulises rumbo a Ítaca. Y con ellos andan las sirenas.
Están advertidos.

Maximiliano N. Pezzoni, París, Julio de 2009